narcopiso

El escritor canillejero Paco Gómez Escribano sigue empecinado en mostrar las costuras más sucias y deprimentes de su barrio madrileño en Narcopiso. Una nueva entrega repleta a rebosar de almas sin pena ni gloria en un ecosistema que no está diseñado para ellos. Paco se lo puede permitir porque no hay nadie como él para ello, como decía Harry Crews: «Si no lo he hecho, no puedo escribir sobre ello. Si no me he metido en ese asunto, olido, saboreado, enfangado en ello —en el argumento— no puedo decir nada. Algunos pueden, y lo hacen fenomenal. Pero yo no, radicalmente no».

Desconozco si Paco se ha visto en tales berenjenales como en los que escribe sus novelas, lo que sí estoy seguro es que ha bebido lo suficiente de las fuentes de baretos inmundos y se ha nutrido de inspiraciones in situ. Siempre agarrado a una lata de cerveza (o yonkilata) dejándose caer por los parque de Madrid.

En Narcopiso vamos a conocer a los protagonistas de turno: el Pirri, el Perla, el Julito, la Carmen, el Tijeras (viejo conocido), todos ellos perdedores en esta vida que no les sonríe. Estos personajes son aderezados por la inconfundible prosa de Gómez Escribano, en ella emplea un estilo quinqui y macarra para cualquier oído sensible. El autor ha confesado que no va a caer en las zarpas de los traidores que quieren absorber a los escritores de novela negra en escritores de thrillers inverosímiles.
Por si necesita justificarlo no hay más que leer Narcopiso y podremos conocer a los grandes autores de cabecera del Pirri, que son los mismos que los de Paco: generalmente grandes escritores norteamericanos de culto. En esta novela —y entre crucigrama y crucigrama— Paco no sólo se permite el lujo de mostrarnos su biblioteca personal sino que hasta se da un cameo consigo mismo y su editor. Me ha llegado un aroma similar al que me dejó Luis Gutiérrez Maluenda y su Atila en el barrio barcelonés del Raval.

¿De qué va esta novela?

Y qué más da.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *